Lo bohemio. Nace desde mis adentros un pequeño Rimbaud con ansias de crear, de vivir, de soñar y de volar.

Volar hacia el Paris de finales del siglo XIX donde el arte tenía sentido y era valorado. Donde la vida tenía razón de ser como símbolo de lo dionisiaco, del placer y de la embriaguez. Lo bohemio que llevamos dentro ya no florece. Sólo quedan aquellos momentos solitarios pensando en tus sueños, haciéndolos realidad en tí. Cogiendo tus ilusiones y dándoles forma. Nadie te molesta, solo eres tú y tus sentimientos a flor de piel. Y, en ese instante, eres tan vulnerable, eres tan tú, estás tan conectada al Universo que piensas que eres Dios.

Y te das cuenta de que la bohemia queda en la Nada, donde el Universo existe y converge con la Perfección.

Rubén Darío: «Mar y Tierra, Fuego y Viento, divinos monstruos. ¡Posiblemente! Divinos porque son Eternidades».

Max Estrella: «Eterna la Nada».

(Luces de Bohemia – Valle Inclán)

¿Qué pequeña alma bohemia no ha viajado a la Eternidad de la Nada, donde todo tiene sentido y todo significa Nada? Quiero llegar al Universo.